
tus cabellos suaves como hilos de seda oriental, libres al viento,
tus ojos de gata curiosa, siempre listos, vivos y a la vez soñadores y profundos, como piedras preciosas encerradas en su joyero de secretos.
Y tu silueta, ¡ah tu silueta!, delicada y esbelta como sirena indescriptible,
«déesse de l’amour».
Que ilumina el camino de mis noches de calma y de paz.
Siempreq tendido en el lecho
Mis ojos cerrados observan tu faz.
Y mis oídos escuchan tus murmullos de pasión
Y mis labios se humedecen al contacto de tu amor.
¿Qué tienen estos cielos, mil veces fotografiados, que tanta pasión difunden por doquier? ¿O es la tierra en su infinito horizonte quien hechiza las almas?
Las gaviotas, como Juan Salvador, quisieran perforar con el pico erguido su lejano azul, más allá de las nubes, hasta robar una estrella;
El sapo, como en la canción, le canta a la luna brillante de un cielo oscuro y palpitante cuando la libélula la mira con desdén;
Y los hombres, ¡ah los hombres!, sueñan conquistar los confines del arcoíris, allá donde tierra y cielo conjuran en secreto el destino de los seres sin futuro.
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Notas al margen
