Arrunchaditos
En los atardeceres de noviembre, cuando la noche gris oculta tu cara dulce en el crepúsculo, tu rostro se ilumina de alegría al ver los ojos brillantes de la fiera escondida.
El bosque, nuestro bosque húmedo, sereno y gris, se oscurece sombrío y temeroso, y en el fondo de la penumbra el silencio no resiste al grito salvaje del búho hechicero.
Allí sentados frente al cielo infinito, nos arrunchamos con gozo y pasión al calor de nuestros cuerpos en llamas.
Lejos de mi historia y de mi país que se muere, o que tal vez resucita, hundidos aquí en estas tus tierras lejanas.



