

En Colombia, a tan solo dos horas al sur de Cartagena de Indias, las aguas del mar Caribe se mezclan en los manglares de Rincón del mar, pequeño pueblo de pescadores de atarraya.

Durante muchos años, esta joya natural fue abandonada hasta convertirse en un basurero salvaje y hediondo. Las consecuencias de este abandono fueron catastróficas, tanto para los pescadores como para la fauna y la flora de la región.
El manglar es la zona de reproducción y la sala-cuna de muchas especies marinas que constituyen el producto de la pesca, fundamental al desarrollo económico y social.


Hace diez años, una asociación de vecinos comenzó la limpieza de los fondos y las aguas del manglar, gracias a la contribución de decenas de habitantes voluntarios. Como de costumbre, el Estado colombiano solo aportó burocracia y frenos al proyecto, y por supuesto ningún presupuesto de ayuda le fue asignado.
Los habitantes lograron, sin embargo, rescatar la zona: los mangles recuperaron su belleza hechicera; como en las historias de la biblia, se multiplicaron los peces y otros moluscos, pero, aquí, gracias a la magia de la naturaleza. Desde entonces, los pescadores regresan de alta mar con sus atarrayas rebosantes.


El guardabosques que guió nuestra visita, explica que el turismo, bien administrado, fue (y es) la base de subsistencia de su asociación.
El recorrido de dos horas se realiza en bote y a pie. En las zonas aledañas se avistan especies animales (pelícanos, perezosos, iguanas…) y vegetales (Ceibas, Ficus, higueras) las cuales también hacen parte de un ecosistema frágil, que la asociación se esmera en proteger.



