
El erizo de la casa
Este señor habita en nuestro jardín desde hace dos años. Su morada se encuentra, protegida, bajo el abrigo que preserva de la intemperie los leños de la chimenea.
Lo vemos poco en invierno, debe dormir como los lirones. ¡Sabroso!
En verano, durante las noches de luna llena, se le ve presumido exhibir sus espinas en busca de una nueva amante o de un suculento plato de hierba fresca.
Aún no le hemos dado un nombre. Le decimos Erizo. Pero si es necesario, si un día encuentra su amor y nos trae chiquillos, podríamos llamarlo el Picúo.



