Qué tienen estos cielos, mil veces fotografiados, que tanta pasión difunden por doquier?
¿O es la tierra, en su infinito horizonte, quien hechiza las almas?
Las gaviotas, como Juan Salvador, quisieran perforar con el pico erguido su lejano azul, más allá de las nubes, hasta robar una estrella;
El sapo, como en la canción, le canta a la luna brillante de un cielo oscuro y palpitante cuando la libélula la mira con desdén;
Y los hombres, ¡ah los hombres!, sueñan conquistar los confines del arcoíris, allá donde tierra y cielo conjuran en secreto el destino de los seres sin futuro.
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